0001 / 2007-08-17
Encuestas de salida: ¿qué hacer?
Ricardo de la Peña.
El diagnóstico parece claro: en México, hoy día, las encuestas de salida y los conteos rápidos no están cumpliendo la función que de ellos se espera: anticipar los resultados de las elecciones.
Si en un pasado cercano estos ejercicios permitían conocer al ganador la misma noche de la elección, hoy han dejado de cumplir este papel. Ello en parte se debe a la cada vez más frecuente ocurrencia de triunfos por escaso margen, pero también a la precaución de medios y casas encuestadoras que es hoy mayor que antaño.
Una tradición extraña a otras democracias ha prevalecido en nuestro país respecto a la difusión de resultados de encuestas de salida y conteos rápidos, a lo que no es ajeno el que su realización estuviera originalmente vinculada a respaldos gubernativos (como bien recuerda Jorge Alcocer): la decisión de no difundir dato alguno en caso de que, al parecer de los responsables de los estudios –medios o investigadores-, no exista una distancia suficiente entre primero y segundo lugar como para no errar ganador. Esta costumbre se ha cumplido la mayor parte de las ocasiones y ha justificado el silencio muchas otras veces.
Si bien este procedimiento evita equívocos, también permite confusiones. Basta recordar que, ante lo efectivamente cerrado de la contienda presidencial del año pasado, la carencia de reporte alguno producto de encuestas de salida posibilitó que la dirigencia del partido que ocupó finalmente un distante tercer lugar especulara que todavía estaban dentro de la pelea.
En las elecciones posteriores ha sido cuestionable el papel de las encuestas de salida: en unos casos (Yucatán y Baja California), las patrocinadas por medios electrónicos no han sido divulgadas, a pesar de que al final de cuentas el resultado fue suficientemente abierto como para que se esperara que fuera posible definir un ganador; en otro caso (Chiapas), las encuestas de salida difundidas previeron una diferencia muy superior a la real; en uno más (Tabasco), algunos medios retrasaron la salida de las estimaciones, a pesar del amplio margen de victoria que se registró.
Que las autoridades electorales concurran al esfuerzo por dotar al público de información oportuna sobre los resultados electorales vía este tipo de ejercicios no ha corrido con mejor suerte. La corta distancia entre primeros lugares en la elección presidencial y la camisa de fuerza impuesta a la apertura de los datos del conteo interno del IFE, impidió la divulgación de los resultados de este ejercicio la noche la elección. Y en el caso de Baja California, el silencio pareciera relevar más una voluntad de ocultamiento que una limitación de la herramienta.
De esta manera, la experiencia reciente refleja la imprecisión propia del instrumento, confiable para conocer perfiles de votantes, momentos de decisión y motivaciones del voto, pero incierto en cuanto a las distribuciones efectivas de los sufragios, al estar sujeto a diversas fuentes de error no muestrales, que no afectan los más precisos ejercicios actuariales de conteo rápido. Pero también es expresión de una aversión al riesgo de corporaciones mediáticas y encuestadoras, que prefieren proteger prestigios e intereses y mantenerse silentes, aunque ello vaya contra la confianza ciudadana en los comicios y sus resultados.
¿Qué hacer frente a esta situación? Desde luego que, como sugiere Francisco Báez, es necesario que se insista en los límites de los instrumentos y que se revisen procedimientos de estimación a la luz de la experiencia reciente. Pero hay otra opción, que pasa por la revisión de las lógicas de divulgación que se han hecho práctica regular en México, pero que pudieran ser distintas.
En otras naciones, se distingue entre la puesta a disposición del público de las estimaciones producto de encuestas de salida y conteos rápidos y la posibilidad de definir un ordenamiento definitivo de los contendientes a partir de estas estimaciones. Así, una cosa es dar a conocer los datos arrojados por estos ejercicios y otra colocar banderas que otorguen el triunfo a uno u otro contendiente. Y el público se ha acostumbrado y aprendido a interpretar esta información.
En el caso de México, los medios de comunicación y las casas encuestadoras se subrogan el derecho no solamente de decidir, con base en razones técnicas y experiencia, si es posible o no determinar un ganador, sino que en el supuesto de que consideren que no es posible hacerlo, simplemente secuestran los datos de los ojos del público, dizque para evitar confusiones... aunque a veces abran con ello el espacio a especulaciones y desconfianzas.
¿Y qué tal si cambiamos esta práctica? ¿Qué tal si, a partir de la hora oficial del cierre de casillas, se difunden las estimaciones producto de las encuestas de salida, aclarando si permiten o no definir un ganador, pero sin esconder dato alguno (incluyendo idealmente las estimaciones puntuales y los intervalos)? ¿Qué tal si permitimos que estas estimaciones vayan ajustándose a medida que se acopie mayor información, de cara al público, con reportes vía electrónica en tiempo real o cintillos que corran por la televisión y que vayan reportando los cambios en los datos, como ocurre con los programas de resultados preliminares?
¿Qué tal si dejamos de tratar a los ciudadanos como infantes y respetamos su derecho a estar informados, quitándole el poder a medios y encuestadores de decidir por el público y esconder los datos productos de las encuestas de salida? ¿Qué tal si concebimos la difusión de las encuestas de salida y conteos rápidos como un servicio de interés público accesible a los electores, aún y cuando sea realizado por instituciones privadas?
Tal vez sea el momento de pensar en un servicio nacional de encuestas de salida que, con probado rigor técnico y reuniendo la experiencia de investigadores diversos, garantice la apertura y transparencia de la información producida por mediciones por encuesta y conteos durante las jornadas electorales.
Así, cuando las casillas cierren luego de una elección, los ciudadanos tendrán la certeza de que podrán conocer los datos que arrojan las encuestas de salida, permitan éstos definir o no un ganador, y más tarde los resultados de los conteos rápidos, como pueden y tienen derecho a conocer los datos de otras fuentes que brindan al público y a los interesados información preliminar oportuna sobre los resultados electorales, aunque estos datos no siempre permitan saber quién fue el ganador.
Algunos vínculos externos
- Alcocer, Jorge, "Dilema", Reforma, 14 de agosto de 2007.
- Baez, Francisco, "Encuestas: soplarle al jocoque", La Crónica de Hoy, 14 de agosto de 2007.
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