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0015 / 2007-12-04


El triunfo del No en Venezuela

Ricardo de la Peña.


El domingo 2 de diciembre de 2007 pasará a la historia de Venezuela como el día en que la ciudadanía venezolana contuvo el intento de Hugo Chávez por perpetuarse en el poder.

Sorprendió a propios y extraños el rápido reconocimiento del gobernante a una victoria por escaso margen del “no” a la pretendida reforma constitucional, que hubiera otorgado al Ejecutivo amplias facultades para la creación y gobierno de territorios, la reelección indefinida, el control del banco central y otras muchas adecuaciones que hubieran centralizado más el poder en las manos de una única persona.

Durante los días previos al referendo, fueron muchas las voces que se alzaron para prevenir de los riesgos involucrados en la reforma y muchos los grupos, incluso anteriormente vinculados con el chavismo, que se manifestaron en contra de la pretensión de entregarle tanto poder a un gobernante.

Para los más, este reconocimiento expedito de la derrota muestra el apego a un espíritu democrático en el gobierno de Chávez. Para los menos, es reflejo de lo contundente de la derrota, que tuvo que ser reconocida a pesar del control que el Ejecutivo ejerce sobre el órgano electoral.

El caudal de votos que rechazaron la propuesta hubo de ser de tal magnitud que resultara políticamente inadecuado tratar de defender una victoria por estrecho margen que no hubiera otorgado legitimidad a la reforma.

Pero es importante un acotamiento estadístico: los votos contra la reforma no fueron más que los sufragios emitidos por la opción que se opuso electoralmente a Chávez hace apenas un año. Esto es: el voto contrario a Chávez no creció, sino que electores de Chávez no concurrieron a respaldar la propuesta de reforma en las urnas.

Lo anterior se reflejó en un elevado abstencionismo, que pudiera en parte ser reflejo de lo apresurado de la convocatoria, pero también de la falta de convencimiento de sectores del chavismo por darle un mandato ilimitado al gobernante.

La rápida aceptación de la derrota por Chávez otorga dignidad a su mandato y legitima las condiciones para la competencia electoral. Los argumentos sobre la inviabilidad de derrotar al chavismo por las vías democráticas quedan ahora sin sustento, lo que obliga a la oposición a continuar participando en la pista electoral.

A futuro, el resultado del referendo sobre la reforma constitucional hoy cancelada abre nuevos caminos para la disputa política en Venezuela: por un lado, puede llevar a una autocontención del gobernante, que acepte el marco acotado por las normas, aunque es más factible que intente otros derroteros para pasar sus propuestas, como pudiera ser la convocatoria a una Asamblea Constituyente, que tuviera el mandato expreso de reformar la Constitución.

De ser este el sendero, la oposición al chavismo tendría que enfrentar el reto de contender y buscar obstruir las propuestas de cambio mediante el logro de una representación suficiente para contener a la contraparte.

Esto no deja de lado la pertinencia de exigir que se lleven adelante procesos de verificación plena y transparente al registro electoral o el escrutinio y auditoria de las máquinas de votación. Lo que obliga es a no reducir el problema a la censura por limitaciones en las condiciones de competencia y a la clausura de la vía electoral como forma de acceso al poder.

El chavismo, por su parte, debiera tratar de alcanzar una victoria electoral que le permitiera el margen para llevar adelante una reforma constitucional legítima. Y cuales si no éstos son los retos típicos de una democracia.

 



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