0018 / 2008-02-26
EL DUCE MEXICANO
Ricardo de la Peña.
Como apoyo a amigos perseguidosque no suscribirían estas palabras.
"Primero vinieron a buscar a los comunistasy no dije nada, porque yo no era comunista.Luego vinieron por los judíosy no dije nada, porque yo no era judío.Luego vinieron por los sindicalistasy no dije nada, porque yo no era sindicalista.Luego vinieron por los católicosy no dije nada, porque yo era protestante.Luego vinieron por mí, pero para entoncesya no quedaba nadie a quien decir nada".
Martin Niemoeller.
I
Tal vez no se quiera extender los comportamientos de un grupo de seguidores a su líder. Pero no está de más recordar sucesos acontecidos en otra latitud hace poco menos de un siglo.
Era octubre de 1922. El Partido Nacional Fascista asumía un doble papel en la vida política italiana: uno, participando en las estructuras democráticas, lo que le permitiría convertirse en una fuerza parlamentaria con cierta presencia; el otro, como movimiento desestabilizador francamente desleal al sistema democrático.
Expresión de ello fue la amenaza de Mussolini de marchar a Roma si no se le entregaba el poder, a pesar de no contar con la presencia suficiente en el Parlamento que le permitiera imponer legítimamente esa exigencia.
La noche del 27 de octubre de ese año, los fascistas iniciarían una marcha que fue fácilmente detenida en todo punto en que las fuerzas del orden impidieron su avance.
Mussolini no participaría personalmente en esta movilización, dejando margen para deslindarse de resultar un fracaso, pero pudiendo ser el heroico dirigente de triunfar el movimiento.
A pesar de la desorganización mostrada, el rey Víctor Manuel III se negó a firmar un decreto para proclamar el estado de guerra y tan solo dos días más tarde encarga al Duce (algo así como “el que guía desde el frente”) la formación del nuevo gobierno.
Menos de un año más tarde, se votaría una nueva ley electoral que permitiría al partido con mayor votación –aunque ésta representara apenas la cuarta parte de los sufragios- tener hasta dos tercios de los escaños.
La aprobación de esta nueva legislación sería posible por el apoyo de los católicos, impulsados por la Santa Sede. Y con ello se abriría la puerta a la dictadura fascista.
Cabe recordar que detrás de esta derrota para una democracia, no solamente está la violencia y la voluntad desestabilizadora de los golpistas, sino el recurso a una propaganda exitosa -aún siendo ajena a la verdad- y una respuesta timorata, cuando no francamente cómplice, de los supuestos demócratas ante el avance de la opción autoritaria.
II
Hoy día, en México, pareciera existir un grupo político resuelto a arribar al poder a cualquier precio, capaz de impulsar acciones contrarias a los principios propiamente democráticos, desleal al sistema y sus instituciones y proclive a recurrir a una propaganda que no por exitosa se apega necesariamente a la verdad.
Este grupo político se encuentra enclavado en el seno de una de las principales fuerzas políticas, pero tiende sus tentáculos más allá y no duda en desestabilizar internamente a la organización donde anidara originalmente.
Hace poco tiempo, menos de un par de años, emprendió resueltamente ejercicios de descalificación y diatribas en arenas públicas contra grupos empresariales, comunicadores, encuestadores.
Más tarde, se fue contra autoridades electorales e inclusive contra sus propios representantes en las urnas. Inventó un conjunto de falacias, apenas creíbles, para sustentar un supuesto triunfo no logrado y advertir de un fraude invisible, pero denunciable.
Y comenzó a correr por una doble pista, como los fascistas: por la vía democrática, participando en la vida parlamentaria y siendo gobierno en regiones importantes del país; y por la vía de la movilización, pretendiendo imponer límites a las decisiones de las instituciones democráticas mediante amenazas.
Desde luego, como el Duce, su líder suele mantener la reserva suficiente para mostrarse como quien encabeza las acciones exitosas, pero condenar aquellas que fracasan, aunque sean las mismas huestes las que actúen en una y otra ocasión.
Paradigma de lo anterior es su posición ante la reforma electoral y la elección de los nuevos consejeros electorales: tomar todo lo posible acorde con su causa, pero denunciar de antemano la carencia de condiciones aceptables y la parcialidad esperable del nuevo órgano.
No está de más recordar que la persona en quién recayó la Presidencia del Instituto Federal Electoral ocupó una silla en el máximo órgano electoral por vez primera como representante de una opción política que terminó nutriendo y otorgando su vida para dar vida al partido donde hoy todavía milita el líder del grupo de marras.
Luego de construir un paraguas que cubriera no solamente a su partido de procedencia, sino a otras organizaciones, ha tomado esta tenue cúpula como ariete para impulsar a una opción en la contienda por la dirigencia de la mayor organización aglutinada bajo el paraguas.
La dualidad de sus actos hace suponer que de triunfar su candidato ocuparán victoriosos la plaza y exterminarán pronto políticamente a sus contendientes.
De salir derrotados, antes que aceptar el saldo de la elección, gritarán fraude y retomarán el sendero de la denuncia a los nuevos traidores a la patria, los mencheviques incrustados en el partido. Y saldrán de ese chiquero para construir la auténtica organización del pueblo.
III
En estos días, algunos “camisas negras” han perseguido no a los enemigos históricos del pueblo, esos vende-patrias que usurparon el poder para lucrar y entregarlo a manos extranjeras. No, la persecución con insultos, amenazas y agresiones la hacen con sus copartidarios que hoy perciben como traidores.
Basta simplemente no estar totalmente de acuerdo con la preclara línea trazada por el líder. Basta incluso no expresarlo o reiterarlo en cada oportunidad. Basta tan sólo, aunque se exprese la fidelidad a la causa, representar un estorbo en el camino trazado, para ser defenestrado, perseguido, condenado.
En algún punto del camino, ante el potencial recursos a la subversión del orden público, las autoridades legalmente constituidas debieran tomar en serio la amenaza a la democracia que representa este grupo.
Hay que regresar a los libros de historia para recordar que uno de los factores que permitió el ascenso de las dictaduras ha sido la tibieza de los defensores del modelo democrático.
Desde luego, ello no implica en forma alguna apoyar acciones enérgicas, ni siquiera como respuesta motivada ante la esperable provocación del adversario.
Si una democracia recurre a la violencia contra sus opositores en aras de preservarse, estará enterrando con ello a la democracia que supuestamente pretendería defender.
Tan sencillo, pero tan complejo, como tomar en serio la amenaza y buscar poner en evidencia el doble discurso, el doble juego, de quienes han decidido arribar al poder a toda costa. Frente a su voluntad de poder, oponer la firmeza para salvaguardar el sistema.
De avanzar la opción política contestataria y alcanzar el poder, ¿cuándo vendría la noche de los cristales rotos? ¿cuándo nuestros Gulags? ¿hasta dónde la Revolución Cultural?
Claro: podrán decirme que exagero, pero no quisiera faltar a la discreción si confieso que algunos que hoy son perseguidos, en su momento justificaron las persecuciones contra otros y no dijeron nada, pues ellos no eran empresarios, ni comunicadores, ni encuestadores, ni consejeros...
Algunos vínculos externos
- Gómez Leyva, Ciro, “López Obrador y el espíritu de Salinas Pliego", Milenio, 26 de febrero de 2008.
- Vidal, César, La estrategia de la conspiración, Biblos, Barcelona, 2006.
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