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0025 / 2008-06-04


SYBIL EN MÉXICO

Ricardo de la Peña.


 

Dualidades

 

“El secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, aseguró que
en los últimos años la participación ciudadana y el consenso de las
distintas corrientes de opinión han generado avances importantes
en la vida política del país.

En la conmemoración del octavo aniversario del Plebiscito Ciudadano
sobre la Reforma Política del Distrito Federal, Creel Miranda
recordó que dicho ejercicio ciudadano logró conjugar y articular
una serie de esfuerzos claves que ahora marcan la vida de la
ciudad de México y del país en general.”

Secretaría de Gobernación. Boletín No. 144/01.

 

Es increíble la inconsistencia de los políticos en México.

Unos proponen cambiar las leyes para concretar una reforma en materia petrolera, pero sólo aceptan que se haga mediante un proceso apegado a normas que a su vez asumen inmutables. ¿Acaso sus propuestas de reforma están ya en las leyes o más bien suponen su modificación? ¿Por qué esta reforma sí y no una reforma en materia de participación ciudadana?

Los otros, proponen un procedimiento ajeno a las leyes vigentes para consultar sobre la reforma en materia petrolera: no a una reforma contra la norma constitucional, pero reclaman cambios constitucionales para permitir procesos de consulta directa. ¿Por qué sí una reforma para establecer figuras de democracia participativa y no una en materia petrolera?

Desde la perspectiva de los promotores de la reforma, está fuera de duda su constitucionalidad y no cabe calificarla de privatizadora. En su momento, luego del debate, deberá someterse a dictamen en comisiones y a votación en las Cámaras del Legislativo federal. De ser aprobada, será ley. Su legitimidad estaría garantizada al cumplirse el procedimiento establecido para su aprobación.

Desde la perspectiva de los opositores a la reforma, está clara su inconstitucionalidad y su carácter privatizador. Su aprobación debe sujetarse al cumplimiento de normas superiores hoy vigentes y a la voluntad manifiesta de los ciudadanos. De ser aprobada por el Legislativo sin mediar consulta, su legitimidad estaría cuestionada y la única opción sería oponerse mediante una movilización.

De nada sirven los argumentos a favor de la reforma para convencer a los resistentes. No importa que de ella deriven beneficios que pudieran estimarse cercanos al diez por ciento del producto petrolero. No es relevante que esta reforma pudiera significar que la próxima generación gozara de un ingreso hasta veinte por ciento superior. Les vale: hay que defender la patria a costa de lo que sea, incluso del bienestar de sus hijos.

De nada sirven los argumentos a favor de la consulta para convencer a sus detractores. No importa que la mayoría de los ciudadanos deseen expresarse e influir en las decisiones en algo que se supone es de todos los mexicanos. No es relevante que cada vez que se han opuesto a una opinión claramente definida hayan enfrentado resistencias y terminado por claudicar. Les vale: hay que impulsar el desarrollo, aún a costa de la voluntad del pueblo.

Para unos y otros, una cosa es hablar de cambios en leyes que regulan la operación del Estado y otra modificar las normas que regulan el propio proceso legislativo. Lo que unos ven hoy como válido, los otros lo consideran inaceptable; y viceversa. Y cambian de lado de la cancha cada que les conviene.

Los alegatos de unos y otros son más ideológicos que racionales.

Y todo ello no es más que el anticipo de un choque. Es prólogo a la crónica de una guerra anunciada.

¿No existirán líderes con la entereza para allanar el camino de la reforma?

 

Ensueños

 

"Yo tuve un sueño.
Soñé que un día en las rojas colinas de Grecia,
los hijos de los antiguos esclavos y los hijos
de sus amos se sentaban juntos en mesa de hermandad."

Martin Luther King Jr. (28 de agosto de 1963).

 

También tuve un sueño.

En él aparecía un dirigente al que respeto y estimo.

Sus palabras fueron, si mal no recuerdo:

“Compatriotas:

Siempre he sido un convencido de la democracia y siempre he creído que debe escucharse a los ciudadanos.

Hace seis años, cuando ocupe un cargo como legislador federal, apoye una propuesta para establecer en nuestra Constitución procedimientos de participación ciudadana que enriquecieran nuestra democracia.

Esta es una de muchas iniciativas presentadas para este fin a lo largo de los últimos años, avaladas por legisladores de distintos partidos políticos.

Hoy, nuevamente se alzan voces demandando que se legisle para que los mexicanos puedan expresar su voluntad a través de mecanismos como el plebiscito y el referéndum.

De igual suerte, se ha planteado la realización de diversas consultas en torno a las iniciativas que recientemente presenté para reformar el marco normativo que regula la actividad petrolera.

Estas consultas no tienen sustento ni validez legal y sus resultados no obligarían en forma alguna a los legítimos representantes populares electos por ustedes.

Frente a estas inquietudes, estoy cierto que lo mejor es perfeccionar nuestra legislación para responder a los anhelos de participación de los ciudadanos.

Por esta razón, he instruido para que desde las instancias competentes de mi gobierno se inicie de inmediato un acercamiento con las distintas fracciones parlamentarias, a fin de permitir que en un próximo y necesario período extraordinario de sesiones del Congreso de la Unión se incluya una propuesta de reforma constitucional en materia de participación ciudadana.

Es claro que deberá ser el propio cuerpo legislativo el que defina los procedimientos específicos que deberán regir esta materia. Empero, creo que esta reforma debiera dar cabida a mecanismos de democracia directa tanto de carácter consultivo como decisorio y tanto para reformas de carácter constitucional como a leyes secundarias, fijando las condiciones y límites convenientes para que sirvan como complemento a nuestra democracia representativa, sin suplirla.

Para ello, contamos con una institución que garantiza la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad en los procesos de votación: el Instituto Federal Electoral.

En el caso particular de las iniciativas de reforma sobre la industria petrolera nacional, habría que buscar que este marco normativo posibilite una consulta directa a los ciudadanos para que con su voto decidan si aceptan o rechazan esta reforma.

Así, cuando concluya el proceso legislativo que actualmente está en marcha, una vez que las iniciativas se hayan revisado, dictaminado y hayan sido votadas por ambas Cámaras, pero antes de que se conviertan en leyes en caso de ser aprobadas, debiera convocarse a un referéndum para que los ciudadanos expresen su voluntad ante esta reforma.

Mi gobierno siempre ha sido respetuoso de las decisiones del Poder Legislativo. Así también acataría el mandato de los mexicanos que se expresaría a través de este referéndum.

Convocamos a todas las fuerzas políticas del país a que se sumen al esfuerzo por fortalecer nuestra democracia, enriqueciéndola con procedimientos de participación ciudadana.

Les hacemos un llamado para que en un ambiente de diálogo y concertación establezcan las reglas específicas que permitan contar con esta reforma a tiempo para que podamos celebrar un referéndum sobre la reforma a las leyes que regulan la industria petrolera, que actualmente es materia de análisis en el Legislativo federal.

Estoy cierto que con la voluntad de todos podremos lograrlo.

Muchas gracias.”

- o -

Recuerdo que en el sueño, la figura de quien había pronunciado estas palabras se engrandecía, pues había logrado pasar a la historia a la vez como un gran demócrata y como un gran reformador. Todo un estadista.

Con su apertura a la democracia participativa, había completado una glásnost; y con su victoria en la consulta e impulso a posteriores reformas económicas, había alcanzado una perestroika.

Recuerdo que nunca más hubo un Ejecutivo rehén de las veleidades de legisladores. Lo que en un momento fue una reforma para dar salida institucional a reclamos de una minoría, se convirtió en el principal mecanismo tácito de respaldo al gobernante.

Ese y no otro es el espíritu de la democracia participativa: instrumentos de defensa de las minorías contra la imposición por las mayorías de decisiones contrarias a la voluntad popular, a la vez que herramientas que fortalecen al mandatario ante el cuerpo legislativo.

Claro, esa es también la historia de nuestra transición política, donde la reforma hecha originalmente para la izquierda terminó abriendo para la derecha las puertas del poder.

Lástima que sólo fue un sueño, un precedente a la pesadilla por venir.

 

 



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