A diferencia de hace nueve años, cuando Lacrimosa no alcanzara a llenar el relativamente reducido espacio del Circo Volador, en esta ocasión este grupo de opera rock o de metal gótico, como se prefiera , abarrotó este escenario en distintas ocasiones, añadiendo una fecha adicional a sus presentaciones originalmente proyectadas, que será el miércoles 17 de octubre de este año.
El público rindió culto al compositor y vocalista Tilo Wolff desde el inicio de los conciertos, coreando obras ya clásicas del repertorio de este grupo, tales como “Schakal” (cuyo video, bajado de YouTube, acompaña esta nota) o “Ich been der brennende komet”, que sirvieron de apertura, y la más reciente “Lichtgestalt”, que fuera cierre inicial, aunque los repetidos regresos al escenario culminaron, a petición del público, con una demandada “Copycat”.
Lacrimosa, Schakal (video tomado de You Tube).
Una reflexión al calce: en tres ocasiones habré tenido la oportunidad de escuchar este año a Lacrimosa. En promedio, el grupo de asistentes del que forme parte estuvo integrado por cinco personas, dos constantes y tres cambiantes, con un reparto equilibrado según sexo; hubo solteros, casados, en unión libre, viudos, con hijos y sin hijos; con edades que van desde 15 a casi 70 años (una media en torno a 34 años); con estudios desde secundaria terminada hasta postgrado; con ingresos familiares en unos casos menor a ocho salarios mínimos y en otros que supera al menos cinco veces este límite. Hay grupos musicales que logran convocar a segmentos muy diversos de la sociedad... tal vez Lacrimosa, a pesar o debido a su imagen oscura, sea uno de ellos.